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Hacia San Agustín…

La ruta hacia el Tayrona…
julio 21, 2018
 

Ya sé, tenía una deuda pendiente con este municipio ubicado en el departamento del Huila al sur de Colombia. Tengo el vicio de conducir y más en carretera. Libero adrenalina, me genera un placer orgásmico recorrer las vías de este bello país.

Estoy enamorada de Colombia a pesar de las novelas, noticias, incluso el lastre y/o estereotipos que cargamos de aquella época donde Pablo Escobar, las FARC, paramilitares, ocupaban el centro de atención de los medios masivos de comunicación, sin embargo, me decanto por la diversidad de fauna, flora, clima, el entusiasmo que llevamos arraigado en lo más profundo de nuestros corazones independientemente de la zona donde uno se encuentre.

Decidí partir en la madrugada. No fui sola, me acompañaron tres maravillosas mujeres más y arrancamos desde la bella Bogotá. Tomamos la salida por el sur y para variar y aunque pareciera imposible, ya a las 4:30AM había trancón saliendo de la capital, no obstante, para mi todo cambia cuando tomo el volante y en mi mente solo están las palabras disfrutar, gozar, vivir, experimentar.

„San Agustín, uno de los misterios más grande de las civilizaciones precolombinas.”

 

Pasamos el departamento del Tolima y en un pueblito llamado Saldaña, que colinda entre el Huila y el Tolima, paramos a desayunar. Era justo y necesario, porque si hay placer en la vida al que me rindo y entrego, es a la comida. La verdad es que estoy enamorada de los patacones que ahí hacen. Les cuento uno de mis mayores secretos: los patacones y el aguacate son el elixir de la vida.

Terminamos de desayunar y agarramos carretera nuevamente. Pasamos por varios pueblitos como Aipe, la capital Neiva, Gigante, Altamira, Hobo, Pitalito y otros que no recuerdo y es que San Agustín está ubicado al sur del departamento del Huila. Aún no recuerdo el por qué decidí agarrar maleta y llegar allá. Creo que existe un legado importantísimo  a nivel arqueológico y cultural que aún sigue siendo objeto de investigación; de hecho, uno de los aspectos más representativos es, precisamente, el trabajo lítico que se evidencia en la creación de templetes funerarios, montículos ceremoniales, y la representación de figuras de animales y humanas. Al llegar a San Agustín, encontré diversidad de hoteles para todos los gustos. Fuimos abordadas por Wilson Cisneros quien amablemente nos ofreció servicio de hospedaje y alimentación.

Su madre tiene una casa sobre la vía principal hacia las principales atracciones de San Agustín y el lugar es muy acogedor y muy económico. Un hit, eso sí. Como buena exploradora, decidí visitar el estrecho del Magdalena ese mismo día que arribamos, no sin antes preguntar cómo llegar y además, el estado de la vía. Tendrían que haber visto la cara de Wilson,  la preocupación lo invadió y nos sugirió que tuviéramos cuidado, que la “carretera” no estaba en condiciones y más que el cielo estaba roto, lo digo por la inconmensurable lluvia que venía cayendo en los últimos días. Por un momento pensé que quería sacar provecho porque previamente nos había ofrecido un tour. Impulsada por el deseo de hacer este viaje una grandiosa experiencia, mis amigas y yo subimos al carro y empezamos a andar.

 

Todo iba bien hasta que empezamos a adentrarnos en una trocha y zaaaaaas! Tremendo hueco originado por las volquetas que transitan por esa vía destapada que por cierto, está en proceso de convertirse en carretera, al menos eso dicen. El carro, por más que esperara los milagros que sorprenden gratamente, no daba para pasar por ahí, motivo por el cual, tuve que devolverme y decirle al buen Wilson que nos recogiera a la mañana siguiente para conocer las atracciones de San Agustín.

Amig@, oiga, mire y vea dice la canción del grupo Niche, vale la pena ir al estrecho del Magdalena, que es uno de los ríos más importantes de Colombia, increíble que ese espacio angosto por donde fluye el río, no detenga su poderosa corriente que atraviesa varios departamentos del país. Ahí solo estuvimos un rato, porque la camioneta nos esperaba para seguir nuestra travesía. Nos dirigimos posteriormente hacia el museo de Obando. Debo admitir que me poseyó un espíritu de desilusión porque realmente no hay nada, o sea, NADA. Ni siquiera hay un guía quien le explique o bien, ilustre, acerca de lo que se encuentra allí, que básicamente son urnas funerarias.

Una vez abandonamos el museo, arrancamos hacia el Alto de los Idolos, allí usted puede comprar un pasaporte cuyo costo en Marzo de 2017 fue de 25000 COP. Éste le servirá para ingresar al parque arqueológico San Agustín. Acá se pueden observar montículos funerarios de distintas formas y figuras antropomorfas y zoomorfas. La zona es súper tranquila, hay vegetación, el aire que uno respira es tan distinto a la ajetreada Bogotá, pareciera ser que a ratos el tiempo se detuviera para enseñarnos que el estado contemplativo nos devuelve a la paz interior.


„San Agustín se caracteriza por ser un sitio turístico y acogedor por sus paisajes, su arqueología y cultura..”

 

Salimos de ahí y nos dirigimos hacia el Alto de las Piedras, hicimos un breve recorrido para tomar camino hacia el Salto Bordones. Acá hay una vista espectacular donde se contempla una cascada que embellece el paisaje.  Finalmente, nuestra última parada se suponía iba ser en el Salto Mortiño, pero unas desavenencias con el vehículo impidieron llegar a aquél lugar. Volvimos a San Agustín, y verán, durante todo el recorrido conocimos a un gringo llamado Nathan. Nos invitó a escucharle cantar en el edificio de la Alcaldía Municipal aquella noche que volvimos y bajo su agradable voz y su guitarra que lo acompaña a donde vaya, una tenue lluvia y un par de cervezas, nos deleitó no solo con su música sino también con sus anécdotas de viajes. ¡Qué vaina bacana cuando uno escucha las historias labradas en el andar de cada persona!

A la mañana siguiente las piernas no respondían, pero siempre la esencia viajera arraigada en los corazones intrépidos pide conocer más, y así pues nos fuimos para el Parque Arqueológico de San Agustín. Sí que es bello ese lugar. ¿Recuerdan el pasaporte adquirido en el Alto de los Ídolos?  Pues bien, este fue nuestra garantía para recorrer el parque. Es grande el parque, hay formas de recorrerlo e incluso está bastante señalizado. ¿Lo positivo? El museo que explica con textos bastante amenos e imágenes significativas acerca de los hallazgos de San Agustín como también, la exposición de vestigios asociados a dicha cultura.

El sendero del Bosque de Estatuas, las mesitas A,B,C y D, la fuente del Lavapatas y finalmente, el Alto de Lavapatas. Vale la pena llegar ahí, el esfuerzo físico para subir los casi ciento y pico de escalones le recompensará con una vista de esas que quedan grabadas en la retina y en las memorias del subconsciente. Debo decir que me tiré sobre el pasto y me dejé llevar por este regalo de la naturaleza.  En ese momento no quise saber más nada de la vida y es que los regalos de la naturaleza tienen ese don para desprender de uno aquello que nubla la verdadera belleza de la vida, querer tenerlo todo cuando en realidad ya tenemos todo.

Para concluir con este relato, amig@ viajer@, San Agustín tiene las puertas abiertas para que se deleite y conecte con su historia y su magia.  Venga, acá la gente es chévere, bacana, la comida es rica, avive su corazón a un mini viaje al pasado y conózcase un poco más a través de las narrativas y anécdotas que los lugareños tienen por contarle.

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